Los índices son fiables
El manejo de las estadísticas de audiencia fluctúa entre la propaganda fácil en el éxito y la exageración patética ante la adversidad

La difusión y presentación de los datos de audiencia suele estar fuertemente influenciada por el interés particular de cada medio o entidad, de modo que cada cual vende, recorta o amplifica la información estadística según su propio criterio personal. Cuando los resultados son totalmente favorables, la propaganda se facilita de manera notable, convirtiéndose en un recurso sencillo para promocionar el éxito obtenido.[1][2][3]
Por el contrario, la reacción cambia de forma drástica cuando las circunstancias se complican o los datos resultan adversos. En estos momentos difíciles, el bombo publicitario y el esfuerzo por maquillar o sobredimensionar las estadísticas de audiencia llega a rozar lo patético, intentando ocultar una realidad que no resulta conveniente para los intereses de la organización.[1][2][3]
Ante esta dinámica, se plantea un consejo fundamental para el sector: resulta absolutamente contraproducente caer en la exageración, tanto si los datos son positivos como si son negativos. De igual manera, se subraya que resulta penoso adoptar una actitud de lamento o lloriqueo cuando las cifras no cumplen con las expectativas deseadas.[1][2][3]



